Antes de automatizar algo medimos tres cosas: qué tarea es, cuántas veces se hace al mes y cuánto se tarda. Sin esos tres números no se monta nada.
De ocho tareas que probamos, seis salieron muy rentables: recordatorios de cita, seguimiento de presupuestos, informes mensuales, respuestas a las preguntas de siempre, avisos de stock y altas de cliente.
Dos no valieron la pena y las quitamos: una porque se hacía dos veces al año, y otra porque revisar el resultado costaba más que hacerlo a mano.
Esa es la parte que casi nadie cuenta. Automatizar mal añade trabajo en vez de quitarlo.
